LA AGRESIVIDAD DE SU GRACIA

Sobre cualquier prosperidad, bienestar o restauración del momento, lo más importante es el perdón de Dios cada día.

Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.

2 Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.

3 Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.

4 Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. 7 Entonces él se levantó y se fue a su casa. 8 Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.

 

Mateo 9:1-8 (LBLA)  

Daniel E. Seo  |  05 de Enero 2021

La tendencia humana es a fijarse en los detalles que no son tan importantes por encima de las cosas que son de mayor importancia. Nos enfocamos en los detalles exteriores que son evidentes a nuestros ojos como las cosas materiales, físicas, emocionales y decimos que estas son las cosas más importantes de la vida. Pero la realidad es que el problema más grande de nuestras vidas no se encuentra alrededor de nosotros, sino dentro de nosotros. La Biblia dice que nuestro problema principal es el pecado, y que nuestro pecado es lo que necesita cambio y restauración sobre cualquier otra necesidad o situación que pensamos que necesita un cambio. El pecado es el mayor problema que enfrentamos todos los días.

Podemos ver esta verdad en el texto de hoy (Mateo 9:1-8). Cuando Jesús estaba exponiendo la Palabra y los amigos del paralítico querían que su amigo recibiera restauración física, Jesús no le brindó sanidad física de inmediato. Las primeras palabras de Jesús no fueron: “Hijo, levántate y camina”, sino que hizo algo mucho más allá de lo posible. Jesús habla directamente al estado interior de este hombre y le extiende Su gracia y perdón. Le dice: “Anímate, hijo” (que tiene el sentido de “Hijo mío”). Al decir esto, con Sus palabras, entró al reino inmaterial, y quitó la mancha oscura y malvada, la rebelión de este hombre contra Dios —el pecado de este hombre— al decir: “Tus pecados te son perdonados (v2)”. El lugar estaba rebosando de Su gracia.

Pero al mismo tiempo, es muy posible que los que rodeaban a Jesús cuestionaban por qué Jesús le ofreció el perdón en vez de la sanidad física que aparentemente era más importante para ellos. La mayoría de quienes estaban presentes tal vez pensaron como muchos cristianos hoy en día: la necesidad más grande no es el perdón de pecados sino la sanidad física, la recuperación financiera, o un problema emocional y relacional, y que el problema interior, el pecado, no es el problema más grande, sino las cosas que son evidentes alrededor de nosotros. Pero este texto bíblico nos muestra que, sobre cualquier prosperidad, bienestar o restauración del momento, lo más importante que necesitamos como cristianos es el perdón de Dios cada día. Necesitamos una pureza espiritual para caminar en fe. Necesitamos una pureza espiritual para confiar en que Jesús es nuestro Salvador que tiene autoridad, y no solo un dador de bendiciones momentáneas.

De la misma manera que Jesús quería que este hombre tuviera una relación con Dios al perdonar sus pecados, Jesús quiere lo mismo para ti. Quiere perdonarte para que puedas llegar a tener una relación con Dios. Si eres un cristiano, Jesús desea que tengas una buena relación con Dios. Por eso, Jesús está dispuesto, listo, y actúa rápidamente para ofrecernos Su perdón porque donde el pecado abunda, sobreabunda la gracia de Dios.

Lo que es interesante del texto de hoy es que el paralítico no dijo nada a Jesús. No le pidió por el perdón, pero Jesús le ofreció el perdón de sus pecados. ¿Por qué sería que le ofreció el perdón del pecado, aunque él no dijo nada? En los versículos 3-4, cuando los escribas comenzaron a blasfemar contra Jesús, el versículo 4 dice que Jesús “Conocía sus pensamientos”. En todo el evangelio, Jesús siempre conocía los pensamientos de los individuos. Por tanto, Jesús conocía los pensamientos de este hombre paralítico, vio su quebrantamiento y cómo deseaba una restauración espiritual tanto como de su estado físico, así pues, Jesús, en Su naturaleza amorosa, fue rápido en extender Su perdón a este hombre para que pudiera tener una relación con Dios.

Hermano, hermana, esto aplica también para ti. Si sientes un dolor profundo donde tu pecado te ha consumido y sientes que no te puedes levantar espiritualmente de tu camilla, no necesitas ir ante Él con palabras perfectas. Ve ante Jesús con una disposición de querer ser lavado con Su sangre, entendiendo que tu pecado es el problema más grande en tu vida. Ante cualquier situación desfavorable, ante cualquier necesidad física o material, recibir el perdón de Dios es tu necesidad más grande. Por tanto, ve con una disposición de no regresar a tu camilla espiritual y escucha las voces de afirmación de Jesús que te dice: “Anímate, hijo mío, hija mía. Tráeme tus pecados. Busca mi perdón y te diré que tus pecados te son perdonados. Quiero que tengas una buena relación con Dios levántate y anda”. Al sentir estas palabras aterrizar en tu corazón, entenderás claramente que donde abunda el pecado, siempre sobreabunda Su gracia. No olvides que Jesús quiere ofrecerte la solución más eficaz a tu problema más grande. Él está dispuesto, listo y es rápido en perdonarte porque Jesús es agresivo con Su gracia.

Copyright © 2020 por Daniel E. Seo. 

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA), Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.lbla.com.

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