ADORACIÓN PRODUCE SEMEJANZA

Dios nos manda a adorarle para que podamos renovar nuestra semejanza hacia la imagen de Jesucristo.

37Y Él le contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.» 38Este es el grande y primer mandamiento. 

Mateo 22:37-38 (NBLA)  

Él [Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 

Colosenses 1:15 (NBLA) 

Samuel E. Seo, Th. M. | 19 de abril 2021

La religión dominante en India es el hinduismo. Ellos creen en millones y millones de dioses y también en la reencarnación. Hay un pueblo campesino muy pobre en la parte noroeste de India donde los residentes adoran a una diosa que se llama Laksmí. Laksmí es muy popular, porque es una diosa de la riqueza, amor, belleza, buena suerte y otras cosas deseables. Una característica de la apariencia de Laksmí es que tiene cuatro brazos.  

Ahora, en octubre del 2005, una pareja de este pueblo tuvo una bebé y la nombró Laksmí Tatma, porque nació con cuatro brazos, conforme a la semejanza de la diosa que los padres y todo ese pueblo adoraban. Los residentes del pueblo creyeron que este bebé era Laksmí reencarnada y que su presencia era una señal de buena suerte que traería prosperidad a su pueblo, un pueblo que se encontraba plagado de pobreza. Para ellos, su adoración produjo una semejanza de Laksmí, su diosa. 

Adoración produce semejanza 

Esta ilustración es un ejemplo extremadamente raro y cruel sobre la verdad de que la adoración produce semejanza. Sin embargo, esta verdad se ve en todos lados alrededor de nosotros. Les doy tres ejemplos.  

El primer ejemplo tiene que ver con la adoración de personas. Se puede notar muy fácilmente cuando observamos a los niños que adoran a futbolistas como Cristiano Ronaldo o Messi. No solo quieren jugar fútbol; también empiezan a imitar las jugadas y los trucos de sus jugadores favoritos. La adoración que tienen para sus ídolos produce que se vuelvan semejantes a sus jugadores favoritos.

  

El segundo ejemplo tiene que ver con la adoración de cosas visibles. Los que supremamente adoran el ciclismo no solo andan mucho en bicicleta; también pagan mucho dinero para comprar una bicicleta profesional y aún el uniforme de ciclista. La mayoría de sus amigos son ciclistas y una gran porción de sus conversaciones tiene que ver con el ciclismo. Todo esto crea una semejanza que hace fácil notar su adoración al ciclismo.  

El tercer ejemplo tiene que ver con la adoración de las cosas invisibles. Cuando hablo de cosas invisibles, estoy hablando de cosas como la aprobación de la gente, la gratificación sexual, la belleza secular, la riqueza material y mucho más. Unas evidencias de alguien que adora supremamente la aprobación de la gente se revelan claramente cuando dice mentiras para exaltarse a sí mismo y actúa con hipocresía, es decir, a semejanza de un mentiroso o un hipócrita.

Una evidencia de un hombre que adora supremamente la gratificación sexual se revela claramente cuando es infiel a su novia o esposa, es decir, a semejanza de un fornicador, un adúltero, o un adicto a la pornografía. Algunas evidencias de una mujer que adora supremamente la belleza secular se pueden revelar a través de su maquillaje excesivo o cuando constantemente suben fotos de selfies en su Instagram o Facebook, es decir, a semejanza de una narcisista. Las evidencias de una persona que adora supremamente la riqueza material se revelan claramente cuando roba a sus vecinos, familiares, amigos de préstamos o a Dios de su ofrenda, es decir, a semejanza de un ladrón.

Creados en Su imagen, conforme a Su semejanza 

Hermano/hermana, originalmente Dios nos creó a Su imagen, a Su semejanza (Génesis 1:26-27). Esta semejanza fue lo que les permitió a Adan y Eva vivir en el Jardín con Dios. Sin embargo, cuando pecaron, la semejanza de Dios en ellos fue corrompida porque decidieron formar sus propias y nuevas imágenes y semejanzas, diferentes a la que Dios había establecido para ellos. Por eso fueron rechazados y eventualmente resultó en el mundo que describe Génesis 6:5: “El Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal” (NBLA).  

Sin embargo, cuando Dios mandó a Su único Hijo Jesucristo, llegó el momento cuando el mundo literalmente pudo ver la imagen perfecta de Dios. Colosenses 1:15 dice: “Él [Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (NBLA). Además, Dios nos manda a adorarle a través del grande y primer mandamiento (Mateo 22:37-38). Entonces, si la adoración produce semejanza, y si Dios nos manda a adorarle, es para que podamos renovar nuestra semejanza a Dios a través de la imagen visible de Jesucristo.  

Adoración transformativa 

Continuando con la historia de la bebé Laksmí Tatma, aunque el pueblo pensó que ella era la diosa reencarnada, la verdad era que la bebé estaba sufriendo de una condición médica supremamente rara. Como siamesa (gemelas que nacen unidas), solamente una parte de la segunda gemela, en este caso solo sus dos brazos y piernas, se había formado en conjunto a la primera. Los brazos y las piernas que fueron dejados estaban comportándose como un parásito en la bebé. Lo que es diabólico de esta situación es el hecho de que esta supremamente rara condición se manifestó en la imagen de la diosa que estaban adorando.

 

Eventualmente, los padres descubrieron que su bebé estaba muriendo. Su semejanza a la diosa Laksmí estaba matándola. Algunos doctores descubrieron esta situación y vinieron desde lejos para ofrecerle ayuda gratuitamente, pero al mismo tiempo les preocupaba que la gente del pueblo reaccionaría negativamente diciendo que hacerle algo a Laksmí reencarnada traería maldición y más pobreza al pueblo.

 

Afortunadamente, los padres decidieron escuchar a los doctores y no a su pueblo. Cuando su hija tenía dos años, los padres permitieron que los doctores despojaran la semejanza de su diosa Laksmí de su hija y por medio de una cirugía remover los pares extras de brazos y piernas que tenía. La cirugía fue exitosa y ahora sigue viviendo.

 

Hermano/hermana, tu adoración suprema hacia Jesucristo es la cirugía transformativa que te permitirá despojarte de la semejanza pecaminosa que tienes para que puedas vivir eternamente. Adóralo con una adoración transformativa y cúbrete con la imagen de Jesucristo para que puedas ser digno de entrar al nuevo Jardín de Dios. 

Copyright © 2021 por Samuel E. Seo.