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CÓMO CAMBIAR GENUINAMENTE

Jesús asumió toda la carga por tu pecado, tomó el castigo que mereces para que tengas un arrepentimiento piadoso que trae vida y salvación.

1 Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones.
4 Contra ti, contra ti solo he pecado,
y he hecho lo malo delante de tus ojos,
de manera que eres justo cuando hablas,
y sin reproche cuando juzgas.

11 No me eches de tu presencia,
y no quites de mí tu santo Espíritu.

Salmo 51:1, 4, 11 (LBLA) 

10 Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte.

2 Corintios 7:10 (LBLA) 

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Daniel E. Seo, Th. M., MABC  |  29 de octubre 2021

“Dios, perdón por lo que he hecho. Dejaré de hacerlo. Dejaré de hacer lo que estoy haciendo. Cambiaré”. ¿Cuántas veces has declarado estas palabras a Dios, pero sigues regresando al mismo pecado? Estas palabras llegan a cesar en el momento que uno entiende que existe el arrepentimiento piadoso y el remordimiento mundano (2 Corintios 7:10). 

 

El remordimiento mundano puede parecerse al arrepentimiento piadoso. Aquí, uno puede llorar. Uno puede ser consciente de su pecado y hasta podría decir:  "lo siento mucho y me arrepiento de lo que he hecho". Aun así, podríamos sentirnos molestos cuando alguien nos confronta sobre nuestros pecados porque sabemos lo difícil que es cambiar. Con el tiempo, llegaremos a estar más enojados con nosotros mismos, con otros, y con Dios y tanto las voces de condenación como las de nuestro pasado nos atormentarán. 

 

Por otro lado, un individuo que siente el arrepentimiento piadoso no se preocupa de lo que piensan los demás, sino que se preocupa de lo que piensa Dios sobre su pecado. Ellos no se odian a sí mismos, sino al pecado que reside en su corazón. Dejan que Dios forme su carácter, y se sienten libres de su pasado y vergüenza.  

 

En palabras simples, en el remordimiento mundano, te estás amando a ti mismo. En el arrepentimiento piadoso, estás amando a Dios. 

 

En el Salmo 51, cuando David cometió adulterio con Betsabé, sintió un arrepentimiento piadoso (versículo 4: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas y sin reproche cuando juzgas”). David asumió la responsabilidad total de su pecado porque amó a Dios, y así, pudo cambiar genuinamente.  

 

El amor es necesario para que se logre el cambio. Por ejemplo, hay muchos casos en el matrimonio donde un esposo le pide perdón a su esposa por las mismas cosas sin exhibir un cambio evidente. Pero esa falta de cambio ocurre porque el esposo vive más preocupado por las consecuencias que puede enfrentar. Se pregunta: “¿Qué dirán las personas? ¿Qué pasará si llego a enfrentar el trauma de una separación? ¿Qué pasará con mi reputación?” En vez de enfocarse en el dolor que le está trayendo a su esposa, se enfoca en el dolor que trae para sí mismo.   

 

Como este ejemplo que no representa un cambio genuino, si no tienes un amor por Dios, cada vez que pecas, estarás más preocupado por las consecuencias del pecado que por tu relación con Dios. Te preguntarás, ¿qué pasará si ...? Pero, si realmente amas a Dios y tienes un arrepentimiento piadoso, podrás decir: “Este pecado me metió en problemas con Dios, y merezco cualquier castigo y consecuencia que Él me quiera dar. Estoy preocupado por lo que le he hecho a Él más que por lo que me sucederá...”.  

 

David pudo declarar estas palabras y al final perdió a su bebé (2 Samuel 12:15-19). Pero, aun así, reconoció el amor incondicional e inmerecido de Dios (Salmo 51:1). David nunca dijo: "Dios, ¡dame otra oportunidad! Por favor, ¡no quites mi posición como rey, y no dejes que Israel sepa del horror que he cometido!” No, la única cosa que le importó a David fue su relación con Dios, y le pidió que no quitara Su presencia de él (versículo 11). Dios escuchó a David y no le quitó el Espíritu Santo. Pero ¿sabes por qué Dios escuchó a David? Porque en la cruz, Dios le quitaría Su presencia a Su hijo Jesús (Mateo 27:46). Dios destruyó a Jesús por todo lo que David merecía, y lo más importante, por todo lo que tú merecías. 

 

Si quieres llegar a cambiar genuinamente, tienes que poder ver cómo Jesús miró más allá del presente y te vio negándolo, traicionándolo, y llegando a Sus pies con promesas vacías. Pero, aunque Jesús vio más allá del presente, Su amor incondicional lo hizo permanecer en la cruz. Él asumió toda la responsabilidad por tu pecado tomando el castigo que mereces para que puedas llevar a cabo el arrepentimiento piadoso que trae vida y salvación. 

Copyright © 2021 por Daniel E. Seo. 

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA), Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.lbla.com.