APRENDIENDO EL CONTENTAMIENTO

Cristo es suficiente para nuestro contentamiento en medio de cualquier situación o circunstancia.

Me alegré grandemente en el Señor de que ya al fin habéis reavivado vuestro cuidado para conmigo; en verdad, antes os preocupabais, pero os faltaba la oportunidad. No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

- Filipenses 4:10-13 (LBLA)

Daniel E. Seo, Th. M., MABC  |  27 de enero 2020

“Bebé está ahora con Jesús …”, esas fueron las palabras de nuestro hijo Jinwoo mientras estuvimos en camino al hospital en Estados Unidos tras haber perdido a nuestro bebé de 8 semanas. Aunque habíamos visto coágulos de sangre en el baño, perseveramos con oraciones y peticiones para que Dios mantuviera la vida del bebé y le diera otra oportunidad para vivir. Desafortunadamente, la voluntad de Dios fue llevarse al bebé más temprano. Después de unos días, en medio de esta crisis, el pastor de mi iglesia me hizo predicar en coreano para el servicio dominical porque la iglesia me quería ordenar como un pastor reverendo y comisionarme a Colombia, donde estoy actualmente. Predicar en coreano no están fácil para mí, y hubiera sido mucho mejor en inglés o español, ¿pero en coreano? Entonces mis padres tuvieron que traducir lo que escribí en inglés para yo poder predicar. Sentía el peso de toda esta presión, tenía un montón de tareas que terminar, exámenes para el seminario, miles de dólares que debía al hospital para cubrir los pagos que debíamos después de que perdimos a nuestro bebé. Tenía que vender cosas de la casa, empacar para viajar a Colombia, cerrar mis cuentas bancarias, vender mi carro… tenía tanto estrés. Todo esto pasó, faltando un mes para terminar mi maestría en el seminario, ser ordenado como pastor reverendo y comisionado para venir a Colombia.

 

Cuando la vida no sale como lo deseamos, la gran pregunta es ¿cómo puedo estar bien, cuando las cosas no están bien? Quizá tú no has tenido una pérdida y no has tenido que predicar en coreano (y espero que no lo tengas que hacer) pero sabes la realidad de esta pregunta: “¿Cómo puedo estar bien cuándo las cosas no están bien?”. Recientemente, se realizó un estudio dirigido hacía jóvenes de la edad de 20-30 años, y les preguntaron lo siguiente: “¿Por qué no están contentos en la vida?”. La mayoría respondió diciendo: “No tengo trabajo, no tengo dinero, no me gusta con quien trabajo, no tengo esposo/a, y no tengo una familia”. Luego, cuando ellos lograron obtener lo que querían en sus vidas después de unos años, siguieron descontentos e insatisfechos. Finalmente, el estudio concluyó que la humanidad simplemente no está contenta.

Esto también aplica a la vida cristiana. Queremos que Dios cambie nuestras situaciones y circunstancias externas para poder sentirnos mejor. Pero con estos cambios, seguimos descontentos. Nunca estamos satisfechos con lo que está pasando en nuestras vidas. Lo que realmente necesitamos es la habilidad de florecer sin importar la situación o las circunstancias porque, aunque estamos agregando o quitando los factores, no hay resolución.

En medio de decir que la vida es pesada, dura, y que tenemos dificultad manejando nuestras situaciones, entramos a un texto como Filipenses. Este libro es tan fascinante porque el hombre que escribió esto, Pablo, ¡estaba en prisión!  Pero no solamente estaba en prisión, su carrera había tomado un giro sustancial para lo peor. Su reputación fue destrozada y la gente estaban maldiciendo de él. Pablo no estaba seguro si él iba a vivir o iba a morir. Pero lo interesante es que la palabra gozo aparece más que en cualquier otro libro de la Biblia. Pablo tenía toda la razón de estar descontento, pero estaba contento. Su situación y circunstancia no le estaba afectando.

Esto es muy diferente a como nosotros respondemos a las situaciones de nuestras vidas. Nosotros decimos: “Con esta educación o con esta cantidad de experiencia, ya debería estar en esta posición de liderazgo” o, “con esta edad y educación, debería tener una carrera, debería estar casado, con un montón de hijos, ¡11 para un equipo de futbol!”. Todos nosotros podemos concluir que el contentamiento, es decir, estar satisfecho, es difícil de encontrar en la cultura de hoy. Cuando hace frio, queremos que haga calor, cuando hace calor, queremos que haga frío. No podemos esperar hasta la navidad, llega navidad, y cuando empieza la parranda y la pólvora y no podemos dormir decimos: “No puedo esperar hasta que termine la navidad”. Nunca estamos contentos. Con respecto al descontento, hay 3 tipos de personas que son de la siguiente manera:

Tipo A: Estas personas muestran sin importar quién está ahí, y sin ninguna vergüenza, que ellos simplemente no están contentos. Desde lo que nace en sus emociones, destruyen a todos a su alrededor con palabras, sus acciones, rompen cosas, pegan a las puertas y hasta a su pobre gatito. Es como si esta persona bajara una nube oscura al ambiente. Al ver esto, quienes los rodean dicen: “Muchas gracias por hacernos sentir deprimidos contigo”.

Tipo B: Estas personas sienten una tormenta dentro de su alma, pero no lo muestran. Cuando le preguntas a estas personas si están bien, ellos dicen: “Bien, bendito sea mi papito lindo. Bendecido/a”, cuando en realidad, están muriendo y pudriendo por dentro. Cubren sus sentimientos negativos con un hielo que se derrite con el tiempo revelando los sentimientos verdaderos.

Por último, hay tipo C: Estas personas pueden estar descontentas y tener una tormenta que destruye sus vidas, pero están genuinamente contentas, satisfechas, llenas de gozo y no están golpeando nada ni fingiendo nada.

El tipo C es Pablo, en prisión. Para todos nosotros, sería muy bueno mirar cómo Pablo llegó a ser esta persona, cuando las cosas obviamente no estaban bien. Para contestar esto, veamos el versículo 10 del capítulo 4 de Filipenses, donde Pablo estaba agradeciendo a los filipenses por su soporte financiero, pero Pablo no está diciendo gracias por el dinero como nosotros lo decimos cuando recibimos dinero. Pablo no está diciendo: “Estoy satisfecho y contento porque estuve en prisión en necesidad, ¡y ahora tengo dinero! ¡Gracias!”. No, Pablo estaba diciendo: “Gracias por tu ayuda financiera, pero honestamente, yo estaba bien”. Él dice en el versículo 11 lo siguiente: “No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación”. La palabra “contentarme” en este versículo tiene el significado de “autosuficiente”. En otras palabras, significa estar suficiente y estar bien sin importar la situación. Pablo escoge la palabra “contentamiento” porque esto era lo que buscaban los estoicos, un grupo de filósofos que enfatizaban el control de sí mismo y el control de sus emociones en medio de lo que pasaba alrededor. Pablo dice que aprendió como hacer esto.

Todos nosotros queremos aprender esto, ¿cierto? Queremos decir que estamos bien en las buenas y también en las malas. Incluso, queremos estar alrededor de personas así. Queremos una persona que puede ser como el tipo C. Para ser esta persona, tipo C, como Pablo, veamos 3 cosas que podemos aprender de Pablo para tener este tipo de contentamiento sin importar la situación o las circunstancias.

Eligiendo la humildad

La primera cosa que podemos aprender de Pablo se encuentra en el versículo 12 cuando él dice: “Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad”. Pablo está literalmente diciendo: “Yo sé cómo estar contento y satisfecho en abundancia, y sin embargo, yo sé cómo estar contento siendo humillado hasta el punto de no tener nada nada (una posición sin hogar, comida, dinero, una reputación destrozada y mucho más)”. Aquí, el verbo “sé”, de este versículo en griego implica que Pablo no solamente aceptó la humillación que vino a su situación, sino que también voluntariamente eligió ser humillado. Todos nosotros podemos aceptar nuestra situación y decir: “¿Qué puedo hacer? Este es mi destino”. ¿Pero elegir ser humillado? Eso es diferente. Eso es como decir: “Quiero ser humillado y escojo el descontento. Escojo el sufrimiento”. ¿Cómo pudo Pablo elegir la humillación con un corazón tan abierto? Él pudo hacer esto viendo cómo Cristo también eligió la humillación y lo hizo para él.  Filipenses 2:8 dice lo siguiente: “ Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” [énfasis mío]. Así que Cristo eligió ser humillado obedeciendo al Padre, y Pablo también, eligió la humillación, viendo a Cristo como su ejemplo, quien murió la muerte que él merecía. Pablo sabía que él merecía la muerte al ver la humildad de Cristo.  Como puedes ver, Pablo miró verticalmente y sabía lo que merecía.

Entonces, si nosotros no seguimos este ejemplo de Pablo, no veremos en una manera vertical. No estaremos viendo a Cristo como nuestro ejemplo para entender lo que merecemos, y si no estamos viendo verticalmente a Cristo, estaremos viendo horizontalmente a las personas comparando nuestras situaciones y vidas con la de otras personas. Aquí es donde nace el descontento. Al comparar tu situación y vida con otros, vas a empezar a decir: “Si solo tuviera/pudiera…”. Aquí es donde nacen las quejas, las amarguras, y las naturalezas competitivas contra otros, incluyendo con los miembros de la iglesia. Este tipo de pecado y tristeza ocurre cuando pensamos que merecemos lo que las otras personas tienen, en vez de comparar nuestra vida con el pecado y la muerte que merecemos.  Entonces esta es la primera cosa que podemos aprender para el contentamiento cristiano: Elige la humildad y compárate con el pecado y la muerte que mereces.

 

Conociendo a Cristo

Pablo sabía lo que merecía porque vio lo que Cristo hizo por él. Entonces, como lo hemos visto, el versículo 11 dice que en cualquier situación él estaba contento y satisfecho. Pero en el versículo 12 él dice que estaba contento y satisfecho en cualquier circunstancia. La situación es posicional, como su situación de estar en prisión. Pero las circunstancias se tratan de las cosas que ocurren en la vida de uno. Pablo fue alguien que enfrentó unas situaciones y circunstancias que no estaban a su favor; es decir, fue golpeado con varas, apedreado, huyó del peligro por expandir el evangelio (2 corintios 11:25). Pero en las cosas que le sucedieron que no estaban a su favor, tanto situacional como circunstancialmente, Pablo pudo tener contentamiento. El versículo 12 dice: “Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad”. En medio de estas circunstancias que no estaban a favor en la vida de Pablo, él pudo tener contentamiento porque para Pablo, conocer a Cristo era mucho más valioso en comparación con las circunstancias que enfrentó.  Filipenses 3:8 dice: “Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo”. Increíble. Pablo dice que conocer a Cristo cambió toda su perspectiva de la vida. Pablo está diciendo: “Este diploma de la universidad, estas medallas que gané jugando fútbol, esos altos grados que obtuve en el colegio y seminario, ese sueldo de 5 millones al mes es basura en comparación con el valor de conocer a Cristo. Si me muero como un fracasado, con hambre, en esta prisión, con mi reputación destruida, no me importa. Porque para mí, conocer a Cristo Jesús, mi Señor, lo es todo”. Esto es lo que está diciendo Pablo.

 

La pregunta que tenemos que hacer es la siguiente: Tú, hoy, en tu prisión emocional, ¿podrías decir lo que dijo Pablo? Si mueres pobre, sin comida, sin dinero, soltero/a, con tu reputación destrozada, ¿podrías decir: “Conocer a Cristo es suficiente para mí”? Si tus circunstancias te ponen en una situación que no está a tu favor, y la voluntad de Dios no tiene sentido, ¿podrías decir: “Conocer a Cristo Jesús es suficiente para mí”? ¿O, reemplazarías a Dios con otros deseos porque tus circunstancias no están a tu favor? Ya vimos que la primera manera en que viene el descontento es cuando comparamos nuestra situación horizontalmente. La segunda manera en que viene el descontento es cuando reemplazamos a Dios con otros deseos para estar satisfechos porque Dios no nos da lo que queremos en nuestras circunstancias. Decimos: “Merezco esto, necesito esto en mi tiempo y por tal razón, voy a actuar en mi tiempo. Voy a hacer estas cosas a mi manera porque no estas cambiando mi circunstancia”. Si reemplazas a Dios con tus deseos, puede ser que seas feliz por un tiempo. Pero la felicidad no es el contentamiento. La felicidad es como un niño que recibe un helado y se pone muy feliz, pero la emoción se cambia en el momento que se cae el helado y su día es arruinado. La felicidad cambia cuando las circunstancias cambian. La felicidad puede cambiar al instante, pero el contentamiento permanece. No olvides esto. Una persona madura en Cristo no reemplaza a Dios por otros deseos en su tiempo, en su manera, porque conoce a Dios íntimamente y sabe lo que Dios está haciendo en su vida. La persona madura en Cristo espera en el tiempo de Dios. Por tanto, el siguiente punto tiene tanta importancia para el contentamiento cristiano: Conocer a Cristo es más valioso que cualquier necesidad y deseo. Esto era una realidad viviente para Pablo.

Siendo como Cristo

Por último, Pablo revela el secreto para el contentamiento diciendo que vino de una dependencia radical en Cristo. En el versículo 13 él dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.  Uno de los versículos más famosos por ser usado fuera de contexto. Este versículo es usado por jugadores de deportes y tienen estas palabras en los zapatos, como Stephen Curry, el jugador de baloncesto. Pero pon atención. ¡Pablo no estaba lanzando un balón o una piedrita a una canasta en prisión cuando dijo este versículo! Estaba en una situación grave.

Aquí, Pablo estaba diciendo lo siguiente: “Yo tengo fuerza para enfrentar cualquier situación y circunstancia a través de mi unión con el Señor que me da fuerza”. Su secreto era 100% de dependencia en Cristo. Es más, lo fascinante es que Pablo sabía que, a través de todo lo que salió desfavorable, el Señor le estaba dando más conocimiento y fuerza para ser más como Cristo. En Filipenses 3:10 él dice: “… y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos (en otras palabras, sufrimientos), llegando a ser como El en su muerte”. Pablo enfatizó que él estaba siendo más y más como Cristo a través de todas las situaciones y circunstancias desfavorables. Este último punto es tan importante y verdadero para nosotros también. Dios usa nuestro descontento para hacernos más como Jesucristo.

Entonces, mi pregunta es si tú crees que tu descontento sirve para hacerte más como él. Todos nosotros tenemos sueños de glorificar a Dios a través de nuestros logros. Decimos “sí, quiero glorificar a Dios con mi riqueza, con un buen trabajo y donar un montón a la gente pobre”. “Yo quiero ser famoso en televisión para poder hablar sobre Jesús”. Pero es muy poco frecuente que digamos: “Quiero glorificar a Dios en mi dolor. Quiero glorificar a Dios en el punto más bajo de mi vida”.  ¿Qué harías si Dios divinamente quiere ordenar tu vida para que fracases? ¿Qué harías si Él quiere que vivas en descontento? ¿Estarías bien?

En aquel momento, estuve ahí sentado, en el piso de nuestro baño orando con lágrimas después de la perdida de nuestro bebé, y con todas las cosas que tenía que hacer en mi mente. Yo sabía que la razón por la que perdimos a nuestro bebé fue porque mi esposa Mónica se fatigó demasiado y se enfermó sirviendo a la iglesia. Por el transcurso de unos meses estuvimos haciendo visitas a familias, invitando a los jóvenes de nuestra iglesia a nuestro apartamento, cocinando para ellos y trasnochando con ellos. Estas cosas no son saludables para una mujer embarazada. En el momento que estaba pensando en todo esto, quería decirle a Dios: “Pero estuvimos haciendo tu voluntad. Mis otras amigas que están embarazadas, ellas no tienen problema”. Aún así, resistí la tentación de comparar y recuerdo haber orado lo siguiente: “Padre yo no merezco nada de ti. Tú eres un buen Padre y gracias por lo que estás haciendo”. Aunque quería dejarlo todo y reemplazar a Dios con mis propios deseos, pude entender más profundamente el corazón de Dios al perder a su único hijo para morir por mis pecados. Este conocimiento que llegué a tener fue algo que yo tenía que aprender a través del sufrimiento que Dios trajo a mi vida que se volvió una experiencia llena de fruto. Lo que es más interesante de este evento es que la fecha para el parto de nuestro segundo bebé era el mismo día que nació Jinwoo, mi primer hijo. Nuestro segundo hijo estaba asignado para nacer el 17 de noviembre. Siendo completamente honesto, cuando viene el cumpleaños de Jinwoo, no pienso negativamente y digo que el segundo también estaría aquí cumpliendo años ni me quejo del tiempo tan horrible en los Estados Unidos. No, no pienso así. Cuando llega el 17 de noviembre, pienso en cómo Dios estuvo con nosotros en esos momentos más bajos de nuestra vida. Pienso en como Él nos fortaleció en una manera tan increíble, que nuestra familia hoy puede estar aquí en Boyacá, Colombia, para hacer la obra de Dios aquí.

 

Hay un Dios que te ama tanto que ordenará tu vida hacia el descontento para salvar tu alma y nunca te dejará solo. Dios te fortalecerá.

 

No comparemos, sino miremos lo que merecemos.
No reemplacemos, sino recordemos a quien conocemos.
Miremos a la verdad de Dios en medio de todo lo que pasa,
Porque Él es quien nos fortalecerá y es Él quien nos abraza.

Copyright © 2020 por Daniel E. Seo. Este artículo es adaptado de una predicación en la Iglesia Gozo Eterno en el 2019.

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA), Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.lbla.com.