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CREADOS CON POLVO

Dios creó al hombre con el polvo de la tierra para que recordáramos nuestra temporalidad e insignificancia sin Él y Su diseño para nosotros.

Entonces el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.  Génesis 2:7 (NBLA) 

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Samuel E. Seo, Th. M.  |  24 de agosto 2022

Los muiscas, un pueblo indígena amerindio, son conocidos por sus figuras que llevan una imagen de una persona o animal llamadas «tunjos». Con sus impresionantes habilidades de orfebrería, los muiscas crearon estos tunjos como ofrendas para comunicar o pedir favores a sus dioses. Lo que es sorprendente es que muchos de estos tunjos fueron creados con oro. El valor de estas esculturas es invaluable, por lo que se conservan en el Museo de Oro en Bogotá, Colombia.

¿Por qué creó Dios al hombre con el polvo de la tierra?
En Génesis 2:7, Dios no hizo lo que hicieron los muiscas cuando crearon sus figuras de oro. Cuando Dios creó a Adán, Dios lo creó con el polvo de la tierra. Pero ¿por qué? ¿Por qué creó Dios al hombre conforme a Su semejanza, a Su propia imagen, solo con el polvo de la tierra? ¿Por qué no creó Dios al hombre que tendría el privilegio glorioso de gobernar Su creación con algo más precioso como el oro que se encontraba en la tierra de Havila (v. 11-12)?


Primero, Dios creó al hombre con el polvo de la tierra para hacerle saber su temporalidad sin Dios. El hecho de que somos creados con polvo recalca la verdad de que no viviremos en nuestros cuerpos físicos para siempre. Nos hace recordar nuestro destino físico, pues es como Dios le dijo a Adán: «Pues fuiste hecho del polvo, y al polvo volverás» (Génesis 3:18b, NTV). Nos hace recordar las palabras de Job: «Brotamos como una flor y después nos marchitamos; desaparecemos como una sombra pasajera» (Job 14:2, NTV).


Segundo, Dios creó al hombre con el polvo de la tierra para hacerle saber su insignificancia sin Dios. En el Antiguo Testamento, la palabra «polvo» es frecuentemente usada como una expresión de humillación (cf. 1 Reyes 16:2; Isaías 25:12). Por ejemplo, Isaías 26:5 dice: «Él humilla a los orgullosos y derriba a la ciudad arrogante; él la echa al polvo» (NTV). El hecho de que somos creados con polvo recalca la verdad de que somos como Abraham quien dijo: «Ya que he comenzado, permíteme decir algo más a mi Señor, aunque no soy más que polvo y cenizas» (Génesis 18:27, NTV).


Tercero, Dios creó al hombre con el polvo de la tierra para hacerle saber el diseño de Dios. El hecho de que somos creados con polvo recalca la realidad de que fuimos creados por un Alfarero para cumplir Su propósito y no los nuestros. Como dice Proverbios 16:4, «El Señor ha hecho todo para sus propios propósitos, incluso al perverso para el día de la calamidad» (NTV). Dios tiene el derecho de nuestro propósito y destino porque, como dice Isaías 64:8, «Oh Señor, eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú, el alfarero. Todos somos formados por tu mano» (NTV; ver también Rom. 9:21).

El tiempo, el valor y el camino de vida 
Dios creó al hombre con el polvo de la tierra para que recordáramos nuestra temporalidad e insignificancia sin Él y Su diseño para nosotros. Es fácil vivir ignorando la verdad de que nada en este mundo es permanente. Es fácil vivir diseñando y logrando tus propias metas de vida que no tienen nada que ver con Dios. En palabras simples, es fácil pensar que soy yo el que determina el tiempo, el valor y el camino de mi vida. Sin embargo, la verdad es que moriremos para siempre sin la vida eterna de Dios. Somos nadie sin el valor de la sangre de Cristo que nos cubre. Somos incapaces de controlar nuestros caminos, metas y destino.


Nuestra existencia es imposible sin el permiso y gracia de Aquel que nos dio existencia. Busca a Dios, quien es la fuente de eternidad. Juan 17:3 dice: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (NBLA). Cúbrete con la sangre de perdón de Jesucristo, quien es el tesoro de valor infinito, como Moisés quien «consideró que era mejor sufrir por causa de Cristo que poseer los tesoros de Egipto» (Hebreos 11:26). Camina con el Espíritu Santo, quien es el Guía supremamente soberano (cf. Juan 16:13), porque «el Señor dirige los pasos de los justos; se deleita en cada detalle de su vida» (Salmos 37:23, NTV). Amén.

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