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EL LLAMADO DE VOLVERNOS PRÓJIMOS

Jesucristo enseña que el prójimo es quien demuestra compasión a otros sin esperar nada a cambio y a quienes no lo merecen.

30 Jesús respondió: —Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. 31 Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. 32 Así también llegó a aquel lugar un levita y, al verlo, se desvió y siguió de largo. 33 Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. 34 Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. 35 Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva”. 36 ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 —El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. —Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús.

 

- Lucas 10:30-37 (NVI)

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Jong Hyuk Park,  M. D.  |  21 de julio 2022

Olvidándonos de lo que es más importante
Aunque ciertos médicos saben muy bien cómo tratar las enfermedades, algunos maltratan a los pacientes. Se les olvida que la salud no lo es todo, y que la manera en cómo uno trata a los demás es más importante. Así mismo, hoy podemos intentar asistir a la iglesia, orar y leer la Biblia, olvidándonos de lo que es más importante. Podemos volvernos como el experto de la ley que supo muy bien las Escrituras, pero a quien Jesús le tuvo que enseñar mediante una parábola cómo hacer lo que era más importante.

1. Dios distingue entre los que tienen y no compasión de otros
En primer lugar, mediante la parábola del buen samaritano, Jesús primero presenta a un sacerdote (Lucas 10:31), es decir, alguien que era respetado por ser un funcionario religioso de alta posición. Luego, introduce a un levita  (Lucas 10:32), que también gozaba de una posición social importante por ser parte de la clerecía de ese tiempo. Finalmente, habla de un samaritano  (Lucas 10:33), alguien a quien muchos consideraban como menos religioso. 

A pesar de que se presentan diversos personajes religiosos e importantes en la parábola, Jesús pregunta: “¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” (Lucas 10:36). Esto esencialmente demuestra que Dios no diferencia a las personas según su posición social o si son considerados más santos por otros. Más bien, Él diferencia a las personas según: los que muestran compasión y los que no muestran compasión. En otras palabras, no importa la posición social que tengamos, o si somos considerados santos o no por otros. Lo que importa es si mostramos o no compasión a otros.

En vista de esto, ¿te consideras superior a otros porque otros te consideran más religioso o de mayor posición social? ¿O tal vez te sientes inferior por estas cosas? La Palabra de Dios demuestra que al final ninguna de estas cosas importará, sino solamente quién es o no compasivo. 

2. El Señor desea una compasión que no busca nada a cambio
Ahora, si mostrar compasión es lo que finalmente importa, entonces es importante saber a qué se refería Jesús con tener compasión. Según la Biblia, la compasión no es algo que simplemente uno siente y termina allí sino también algo que nos lleva a actuar con misericordia. Sin embargo, Jesús lo lleva a un paso más. Muestra a través de lo que el samaritano hace, que tener compasión implica gastar energía, dinero, tiempo y recursos sin esperar nada a cambio (Lucas 10:34-35). El samaritano por ejemplo, tras haber llevado al hombre a un alojamiento y haber dado ya dos monedas de plata, resulta estar dispuesto a gastar más, aun sabiendo que el hombre había sido robado y no podría pagarle de vuelta.

Teniendo esto en mente, ¿amas a tu prójimo de tal manera que buscas ayudarle sin esperar nada a cambio? O solo ayudas a quienes sabes que te podrán devolver algo. Jesús declara que para ser un prójimo que heredará la vida eterna, debemos mostrar compasión sin esperar nada de esa persona. 

3. Jesús nos llama a tener compasión por los que no creemos que lo merecen
Finalmente, mediante esta parábola vemos que Jesús desea que amemos a quienes no lo merecen. A pesar de que el hombre no había hecho nada por el samaritano, aun así él le mostró compasión (Lucas 10:33). A través de esta historia, Jesús enseña que no se trata de amar solamente a aquellos que están cerca de nosotros (como nuestros amigos y familiares) sino también a aquellos que no creemos que merecen nuestro amor. 

Debemos preguntarnos ¿quiénes son las personas en la iglesia y fuera de la iglesia que creemos que no merecen nuestro amor? ¿Quiénes son las personas a las que Dios nos está llamando a amar, mostrándoles compasión, aunque no hayan hecho nada por nosotros? 

Conclusión
Cuando cada uno de nosotros estaba “medio muerto” espiritualmente y tirado al lado del camino, Dios envió a personas a nuestras vidas que se acercaron, nos ayudaron y nos llevaron a lugares seguros como lo hizo el Samaritano. Pensemos, ¿no ha enviado Dios a personas a nuestras vidas, como lo hizo con Jesús, para que tuvieran compasión por ti y por mí? Por eso nos dice hoy y por la eternidad “Anda entonces y haz tú lo mismo”.

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[1] Green, Joel B. The Gospel of Luke. The New International Commentary on the New Testament. Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1997, 431.

[2] Joachim Jeremias, Jerusalem in the Time of Jesus: An Investigation into Econ./Social Conditions during New Test. Period, 3rd ed. (Philadelphia: Fortress Press, 1969), 213.

[3] Everett Ferguson menciona que alrededor del primer siglo d.C. los judíos eran no solo hostiles contra los samaritanos sino que también los consideraban como “no versados en los preceptos de los mandamientos”. Esto, junto con las creencias que eran impuros e idólatras (solo porque alaban a Dios en el monte Gerizim), se creían que no eran tan cercanos a Dios por diversas razones. (Mi traducción de Backgrounds of Early Christianity, Second Edition. [Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdmans Publishing Company, 1993], 352).

[4] Kittel, Gerhard, Gerhard Friedrich, and Geoffrey William Bromiley. Theological Dictionary of the New Testament, Abridged in One Volume. Grand Rapids, MI: W.B. Eerdmans, 1985, 1068.

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