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LA ENVIDIA CORROSIVA

La envidia es el veneno nacido de un deseo carnal incumplido que destruye al corazón satisfecho.

El corazón tranquilo da vida al cuerpo,
pero la envidia corroe los huesos.
— 
Proverbios 14:30 (NVI)

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Samuel E. Seo, Th. M.  |  23 de diciembre 2021

Probablemente estamos viviendo en un tiempo donde la envidia sobresale más que en cualquier otro momento en la historia de la humanidad. Una evidencia se encuentra en la tecnología—especialmente en el internet y las redes sociales. Nunca en la historia habíamos podido acceder a la información de tantas personas tan rápidamente como ahora. Nunca en la historia habíamos podido engañar a los demás sobre la calidad de nuestras vidas con fotos selectivas. Y nunca habíamos tenido tantas oportunidades de compararnos con los demás y evaluar cómo nos vemos con nuestras vidas. Todo esto crea una combinación que fácilmente crea la envidia. 

 

La destructora del corazón tranquilo 

Obviamente la envidia no viene solo a través de las redes sociales. Tampoco los incrédulos son los únicos que tienen envidia; los cristianos son igualmente susceptibles. Hay varios textos bíblicos que hablan sobre el peligro de la envidia. Uno de estos versículos es Proverbios 14:30 que dice: «El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos». 

En este proverbio de Salomón, se encuentran unas observaciones profundas sobre la envidia. La primera es que la envidia está contrastada con «el corazón tranquilo». El corazón tranquilo es un corazón de paz y sin violencia. Es un corazón que está satisfecho—con deseos cumplidos o controlados. Entonces, la envidia es opuesta a estas cosas: la envidia es el estado de un corazón agitado lleno de odio y violencia debido a sus deseos insatisfechos y anhelos fuera de control. 

La segunda observación es que el resultado corrosivo de la envidia es contrastado con la provisión de vida del corazón tranquilo. La calidad de vida de un corazón satisfecho, es decir con deseos cumplidos o controlados, es una vida plena en todo aspecto—es decir, físico, mental, emocional y espiritual. Al contrario, el veneno corrosivo de la envidia resulta con una vida insatisfecha y sin progreso que va empeorando física, mental, emocional y espiritualmente. 

La envidia es la destructora de un corazón tranquilo. Una persona envidiosa está llena de odio porque chismea y desea la caída del otro. Una persona envidiosa está llena de orgullo porque siente que tiene el derecho a lo que no tiene. Una persona envidiosa está llena de ingratitud porque siente que merece más. Una persona envidiosa está llena de resentimiento contra el mundo y contra Dios porque siente que el mundo es injusto. La envidia roba el gozo. Destruye la paz. «La envidia corroe los huesos» y las personas alrededor la notan fácilmente. 

 

El remedio hacia un corazón tranquilo  

Si envidias a alguien, esa envidia apunta a la existencia de tus deseos carnales en ti mismo. La envidia es el fruto venenoso nacido de tu deseo carnal incumplido. El remedio contra la corrosión de la envidia comienza cuando encuentras el deseo en el que está arraigada tu envidia. Quizás envidias a alguien por su riqueza material, por su popularidad, belleza física, talentos musicales o habilidades deportivas. Identifica cuál es el deseo carnal que ha secuestrado tu corazón. Luego, confiesa tu deseo carnal ante el Dios Padre y busca Su perdón en el nombre de Su Hijo Jesucristo quien murió por ti. Finalmente, ora por las personas que envidias y pídele a Dios que les bendiga grandemente.  

Si puedes hacer estas tres cosas fielmente con un corazón contrito y una oración genuina, eventualmente experimentarás cómo tu envidia va desapareciendo y cómo «el corazón tranquilo» va regresando. El Espíritu Santo renovará tu corazón con Su gozo y paz y te llenará con una vida plena en Cristo. Transformará tu vida de una que estaba llena de miseria a una llena de satisfacción. Amén. 

Copyright © 2021 por Samuel E. Seo.