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LA MONEDA DIVINA

La fidelidad obediente es la moneda divina del inversor cristiano para los tesoros del Reino de Dios. 

Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.

Mateo 25:21 (NBLA) 

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Samuel E. Seo, Th. M.  |  8 de noviembre 2021

El mundo financiero es un mundo de dinero y riqueza que se dedica a las inversiones. Los inversores financieros dedican su dinero en diversos tipos de inversiones como bancos, empresas, propiedades, entretenimiento, educación, tecnología y mucho más.   

Desgraciadamente, el mundo financiero es también un mundo de desigualdad donde existe una inmensa brecha de riqueza entre los prósperos y los pobres. Es un mundo que promueve la idea de que la riqueza es poder ya que una mayor riqueza significa una mayor capacidad para manejar un riesgo financiero. Es un mundo que es preferente para los ricos ya que una mayor riqueza produce mayores beneficios. Es un mundo que es excluyente porque es imposible invertir sin dinero. En otras palabras, los que viven en la pobreza no tendrán la oportunidad de participar en el mundo de la inversión financiera.  

 

La inversión cristiana  

Como cristianos, también invertimos. Sin embargo, no invertimos en las cosas temporales de este mundo caído sino más bien, invertimos en las vidas del pueblo santo, el progreso del Reino eterno y en la elevación de la gloria eterna de Dios. Pero Dios no acepta solo la riqueza material; si lo hiciera, los cristianos sin dinero no tendrían forma de invertir en el Reino de Dios. Más bien, Él valora más un tipo de moneda diferente: una moneda que todos los cristianos, incluso los más pobres, poseen en abundancia. ¿Cuál es esta moneda que Dios desea más y considera como la inversión más eficaz?  

 

La parábola de los talentos 

En Mateo 25, Jesús cuenta la parábola de los talentos.  En la parábola, el amo confía a sus tres siervos un número diferente de talentos: cinco, dos y uno. Lo interesante es que, a pesar de que el siervo con cinco talentos produjo cinco mientras que el siervo con dos sólo produjo dos, una vez que el amo regresa y rinde cuentas con ellos, el amo felicita a sus dos siervos exitosos con las mismas palabras. El amo les dice a ambos: «Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor». Esto muestra que el amo, quien representa a Dios, le interesa menos la cantidad que la calidad. En otras palabras, el amo valoró la «fidelidad obediente» de sus siervos que produjeron igualmente el doble resultado de su trabajo.  

Fidelidad obediente 

Tu fidelidad obediente es la moneda divina que Dios acepta como tu inversión superior en Su Reino eterno. Es fácil mirar a los que están en los focos del ministerio cristiano como los pastores, predicadores, evangelistas, líderes de adoración, o cristianos populares de las redes sociales y concluir que tu servicio para Dios es insignificante. Es fácil pensar que tus tesoros del Reino serán vergonzosos en comparación con los de ellos. Tal vez tales pensamientos pueden haberte desanimado de hacer o dar algo por Dios. Sin embargo, la verdad es que la visibilidad, el reconocimiento o incluso la autoridad ministerial no es lo que define la grandeza cristiana.  

Una madre soltera que obra fielmente para criar a sus tres hijos pequeños en la Palabra de Dios con lágrimas de oración para que amen a Dios más que a ella misma es una inversora más próspera en el Reino de Dios que un pastor de una iglesia de 10.000 miembros que está más preocupado por lo impresionante que suena su predicación que por ver vidas cambiadas. Un anciano que limpia y mantiene fielmente su iglesia cada semana en preparación para el culto dominical a pesar de sus debilidades físicas es un inversor más glorioso en el Reino de Dios que un famoso líder de adoración que canta para hacerse famoso en la industria musical. Un adolescente que fielmente comparte el evangelio con sus amigos y los invita a la iglesia a pesar del ridículo y la vergüenza que recibe por aquello es un inversor más reconocido en el Reino de Dios que cualquier evangelista en televisión o radio que predica simplemente para pedir dinero. Una mujer pobre que labora como criada para fielmente ofrecer una parte significante de su dinero para apoyar a los ministerios de su iglesia es una inversora más enriquecida en el Reino de Dios que un cristiano rico que ofrece mucho más pero una parte insignificante de su riqueza.   

Entonces, ¿qué eres capaz de hacer por el Señor? ¿Cuál es tu llamado del Señor? Es cierto que a la mayoría de nosotros se nos ha concedido solo un talento en lugar de cinco o incluso dos. Sin embargo, con la ayuda del Espíritu Santo podrás multiplicar tu talento a través de tu fidelidad. Conviértete en un mayor inversor del Reino de Dios donde «ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban». Amén.  

Copyright © 2021 por Samuel E. Seo.