LA PROVISIÓN SUPERIOR DE JESÚS EN SU RESURRECIÓN

Mediante la resurrección y a los que creen en Dios, Jesucristo les da algo mucho mayor que sus más profundos deseos.

11 María se encontraba llorando fuera de la tumba y, mientras lloraba, se agachó y miró adentro. 12 Vio a dos ángeles vestidos con vestiduras blancas, uno sentado a la cabecera y el otro a los pies, en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús.

13 —Apreciada mujer, ¿por qué lloras?—le preguntaron los ángeles.

—Porque se han llevado a mi Señor—contestó ella—, y no sé dónde lo han puesto.

14 Dio la vuelta para irse y vio a alguien que estaba de pie allí. Era Jesús, pero ella no lo reconoció.

15 —Apreciada mujer, ¿por qué lloras?—le preguntó Jesús—. ¿A quién buscas?

Ella pensó que era el jardinero y le dijo:

—Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo puso, y yo iré a buscarlo.

16 —¡María!—dijo Jesús.

Ella giró hacia él y exclamó:

—¡Raboní! (que en hebreo significa “Maestro”).

17 —No te aferres a mí —le dijo Jesús—, porque todavía no he subido al Padre; pero ve a buscar a mis hermanos y diles: “Voy a subir a mi Padre y al Padre de ustedes, a mi Dios y al Dios de ustedes”.

18 María Magdalena encontró a los discípulos y les dijo: «¡He visto al Señor!». Y les dio el mensaje de Jesús.

Juan 20:11-18 (NTV) 

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Jong Hyuk Park,  M. D.  |  26 de abril 2022

“Papi no quiero, por favor papi” eran las desgarradoras palabras de un hijo a su padre al darse cuenta que iban a realizarle una biopsia de médula ósea. A pesar de las palabras de consuelo de su padre, escuchábamos al niño llorar con profunda tristeza pues le era inimaginable que algo bueno pudiese resultar de esos procedimientos tan dolorosos.
 

Similar a esta historia, vemos cómo María Magdalena lloró al ver la tumba vacía. Juan describe que hace tres días había estado “parada al lado de la cruz”[1], en esa aterradora escena de su maestro, irreconocible por todas Sus lesiones, intentando respirar en la cruz mientras temblaba por el viento que golpeaba Su expuesta y sangrienta piel. Poco después, sería peor. María vería a Jesucristo, quien había sido como su padre, dar Su último suspiro para luego ser enterrado en una tumba. 


A pesar de todo, María había decidido visitar la tumba para pagarle respetos a Jesús. Tenía planeado al menos honrarlo y devolverle un poco de lo tanto que ella había recibido tras haber sido librada de siete demonios[2]. Sin embargo, ante la escena de la tumba y al pensar que se habían robado el cuerpo de Jesús[3], lloraba inconsolablemente pues no veía que algo bueno pudiese salir de todo esto.

Llanto: el entendimiento nublado de María
María no solamente no entendía lo que Dios estaba haciendo, sino que también pensaba que solamente el cuerpo de Jesús, su Salvador, le traería consuelo. Por tanto, a pesar de las suaves palabras de consuelo de otros: “Apreciada mujer, ¿por qué lloras?” y “¿a quién buscas?”, continuaba buscando el cuerpo. Aun a pesar de ver dos ángeles celestiales, comúnmente señales de la intervención de Dios, María lloraba sin esperanza. Solo su maestro en físico le traería consolación. 

 

Jesucristo y Su provisión inimaginablemente superior

Por ende, entendemos por qué María se aferró a los pies de Jesucristo cuando se dio cuenta de que su maestro estaba justo detrás de ella. Cuando escuchó a Jesús decir “María”, se volteó y exclamó “¡Raboní!”. Algo increíblemente asombroso, sin embargo, fueron las siguientes palabras de Jesús:“No te aferres a mí,…ve a buscar a mis hermanos”[4]. Jesús parece cruel y sin compasión. Sin embargo, es completamente lo contrario. 

Jesús le dice “no te aferres a mí” para darle algo inimaginablemente mejor; le da un mensaje lleno de esperanza que bendeciría a otros y radicalmente cambiaría la vida tanto de ella como la de otros… un mensaje que cambiaría la historia de la humanidad. Era un mensaje que implicaba al menos una cosa. Si Jesús había resucitado significaba que todo lo que había dicho era verdad. Por ejemplo, había dicho: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera…”[5]. Por tanto, ¡si Jesucristo no hubiese resucitado significaría que nada de lo que había dicho era confiable! Pero sí resucitó, lo que significa que todas Sus promesas se cumplirían como: “Ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría”[6]. En otras palabras, mediante la resurrección, Jesucristo les da algo mucho mayor que los más profundos deseos que tienen a aquellos que creen en Dios. 

Ten fe y esperanza

Hermano/a, ¿has sentido a Dios ausente de tu vida cuando le obedeces y no ves que haya esperanza al ver la grave situación en la que estás? Esta historia es un llamado para ti. Recuerda la historia de María y lo que Dios hizo. Mira que Jesucristo resucitó y está vivo hoy. No pierdas la esperanza sino más bien confía en Dios y acércate a la cruz diariamente para que llegue ese día en el que te encuentres con el Jesucristo resucitado y se cumplan Sus palabras de que en ese día nadie te podrá quitar tu alegría. Amén.

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[1] Juan 19:25.

[2] Lucas 8:2.

[3] En ese tiempo, era tan común que los cuerpos fuesen robados que el césar había declarado un edicto en castigar a aquellos que robaran de las tumbas. Para mayor información ver Carson, D. A. The Gospel according to John. The Pillar New Testament Commentary. Leicester, England; Grand Rapids, MI: Inter-Varsity Press; W.B. Eerdmans, 1991, Juan 20:2.

[4] Según la literatura, Juan 20:17 corresponde a unos de los pasajes más difíciles de interpretar y traducir en el Nuevo Testamento debido a la compleja relación que existe entre la primera frase (“No te aferres a mí” o “No me toques”) y la cláusula que la sigue (“porque todavía no he subido al Padre”). Es difícil su interpretación debido a que pocos versículos posteriores (Juan 20:25) Jesús le dice a Tomás que ponga su dedo/mano en su costado (es decir, lo toque). Por tanto, decir que María no podía tocar a Jesús simplemente porque el cuerpo resucitado de Jesús no podía ser tocado antes de subir al Padre no haría mucho sentido. Los teólogos Kruse C. y Carson D. A. concuerdan en que lo más lógico parece ser que Jesús quería que María, en lugar de aferrarse a Él, fuera a compartir las buenas noticias a los otros discípulos y que estaba en el proceso de ascender al Padre. Personalmente, me parece que esto tiene lógica y que la razón que Jesús dice la cláusula es para también mostrarle a María que Él no los había dejado aún y que volvería a ellos como lo hizo después físicamente (por tanto, no era necesario aferrarse a Él). Para mayor información y otras interesantes propuestas ver Kruse, Colin G. John: An Introduction and Commentary. Vol. 4. Tyndale New Testament Commentaries. [Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2003], versículos 16-17 & Carson, D. A. The Gospel according to John. The Pillar New Testament Commentary. [Leicester, England; Grand Rapids, MI: Inter-Varsity Press; W.B. Eerdmans, 1991], versículos 17.

[5] Juan 11:25-26.

[6] Juan 16:22 [NVI].

Copyright © 2022 por Jong Hyuk Park

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