PECADOS QUE DOMINAN LA VIDA

Como hijo e hija legítimo de Dios, puedes confiar en que Dios amorosamente perfeccionará tu fe.

1 Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. 3 Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón. 4 Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre; 5 además, habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige:

Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor,
ni te desanimes al ser reprendido por Él;
6 porque el Señor al que ama, disciplina,
y azota a todo el que recibe por hijo.

7 Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? 8 Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. 9 Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos? 10 Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad. 11 Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia.

Hebreos 12:1-11 

Daniel E. Seo  | 31 de marzo 2021

La naturaleza humana tiende a quitar el dolor o solucionar una dificultad de un ser querido cuando está pasando por un tiempo difícil. El amor siempre conmueve a alguien y lo lleva a quitar la incomodidad que está sufriendo la otra persona. Pero la gran pregunta es, “Si Dios es amoroso como lo dice en las Escrituras, ¿por qué no me quita mis dificultades?, más específicamente ¿por qué no quita los pecados que dominan mi vida?”  

 

Muchos preguntan, “Dios, ¿por qué no quitas mi lujuria, mi ira, orgullo, temor al hombre, o estas otras cosas que dominan mi vida? ¡He tenido estas luchas, incluso antes de venir a Cristo!” A estas preguntas muchos han simplemente intentando ser un mejor cristiano. Pero la vida cristiana no se trata de intentar más, sino de recordar lo siguiente: Si perteneces a Dios, puedes confiar en lo que Dios hace en medio de tu dolor, especialmente en medio de esos pecados dominantes que parecen nunca desaparecer.   

 

La verdad es que los cristianos vamos a luchar contra pecados dominantes porque pertenecemos a Él.  Si pertenecemos a Él, como hijos e hijas de Dios, debemos entender que es por disciplina que tenemos que soportar los pecados que dominan nuestras vidas (Hebreos 12:3-7). Si no fueras disciplinado, no serías un hijo e hija legítimo. Por tanto, Dios, a veces, dejará que la incomodidad de tu pecado dominante persista. Pero la buena noticia es que, en medio de esa incomodidad, Él nunca te dejará, sino que permanecerá a tu lado como tu Padre.  

 

Esto no anula la verdad de que sí vas a sentir dolor. Vas a llorar. Vas a caer. Pero Él siempre caminará contigo como un Padre que camina al lado de su bebé que está aprendiendo a caminar. Él dejará que tu incomodidad persista, pero nunca te dejará. Por medio de tu incomodidad y Su presencia inmarcesible, podrás tener la disciplina adecuada para caminar y correr mejor hacia Él. Por tanto, si dices que estás luchando contra un pecado dominante, Dios está usando ese pecado dominante para cultivar tu dependencia en Cristo.  

 

Incluso, lo que Dios hace es usar tus incomodidades del presente para liberarte de un dolor del pasado. En muchas ocasiones, Dios usa el pecado dominante del presente para mostrarte una herida o vergüenza que estás albergando en el pasado. Entonces, lo que Dios hace es dejar que un problema del presente persista, para que puedas recibir sanidad a ese pecado de tu pasado por medio de tu dependencia en Cristo. Dios, en su amor, usará el pecado dominante que estás experimentando hoy, para sanar tu pasado.  

Por consiguiente, si perteneces a Dios, puedes confiar en lo que Dios hace en medio de tu dolor. Él quiere que dependas en Él como tu Padre. Él desea que corras hacia lo que Él hizo por ti por medio de la muerte de Su hijo en la cruz. Incluso, en Su amor, quiere sanarte del pasado. Él dejará que tu incomodidad persista por estas razones, pero Él nunca se apartará de tu lado (Hebreos 13:5).   

 

Es cierto, que, en tu vida cristiana, te vas a sentir abatido en tu lucha contra tu pecado dominante. Sentirás sufrimiento por tus debilidades que parecen nunca desvanecerse. Te sentirás fatigado y que no puedes soportar la vida cristiana. Pero hoy, la buena noticia es que, como hijo e hija legítimo de Dios, puedes poner tu mira en Cristo y correr hacia Él dependiendo completamente de Él. Dios amorosamente perfeccionará tu fe en medio de tu dolor y tus luchas, y en medio de tu incomodidad espiritual. No olvides que eres un hijo. Eres una hija. Perteneces a Él.  

Copyright © 2021 por Daniel E. Seo. 

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA), Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.lbla.com.

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