RE-CREANDO A DIOS

Un ídolo es la cosa que toma el lugar de Dios en tu corazón.

2 Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. 3 No tendrás otros dioses delante de mí. 4 No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5 No los adorarás ni los servirás; porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

- Éxodo 20:2-6 (LBLA)


5 Cuando Aarón vio esto, edificó un altar delante del becerro. Y Aarón hizo una proclama, diciendo: Mañana será fiesta para el SEÑOR. 6 Y al día siguiente se levantaron temprano y ofrecieron holocaustos y trajeron ofrendas de paz; y el pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.


- Éxodo 32:5-6 (LBLA)

Daniel E. Seo, Th. M., MABC  |  04 de julio 2020

Cuatro hermanos en una jungla dominaban una habilidad especial. Pasó el tiempo y los hermanos se reunieron para revelar lo que habían aprendido. “He dominado la ciencia —dijo el primero— por lo cual puedo solo tomar un hueso de alguna criatura y crear la carne que lo acompaña”. “Yo —dijo el segundo— sé cómo hacer crecer la piel y el pelo de una criatura si hay carne en sus huesos”. El tercero dijo: “Soy capaz de crear órganos si tengo huesos, carne, piel y pelo”. “Y yo —concluyó el cuarto— sé cómo darle vida a esa criatura si su forma está completa”. Entonces los hermanos fueron a la jungla a buscar un hueso y según el destino, el hueso que encontraron fue el de un león. Uno agregó carne al hueso, el segundo hizo crecer piel y pelo, el tercero lo completó con los órganos que se unieron, y el cuarto sopló vida al león. Los cuatro hermanos levantaron una bestia feroz y este león lanzó un rugido que despertó a todos los animales de la jungla. Y los hermanos, al mirar al león, empezaron a postrarse y a adorar a esta criatura. Pero unos minutos después, esta criatura saltó sobre sus creadores, y los devoró. Finalmente, ese león se desapareció satisfecho en la jungla.

Lo que es la idolatría

Escuchamos esta ilustración y pensamos que nosotros no tenemos el poder de crear algo. Pero la realidad es esta: cada uno de nosotros tiene la habilidad de crear algo como estos cuatro hermanos. Con una cosa tan simple como un hueso, podemos derramar toda nuestra energía, emoción y pensamiento, creando al final un dios falso que nos puede devorar espiritualmente. Cada uno de nosotros tiene un corazón que es susceptible (tiene la capacidad) de crear un dios falso o re-crear al Dios verdadero. Esto se llama idolatría.


Al escuchar la palabra idolatría, muchos de nosotros pensamos en una estatua y decimos que eso es un ídolo. Decimos: “yo estoy bien, porque no me postro ante la estatua de la virgen María del …” (¡la lista de las Marías es numerosa!).  Muchos de nosotros tenemos el concepto de un ídolo de lo que describen las Escrituras. Por ejemplo, el pueblo de Canaán sacrificaba sus bebés a Moloch, poniéndolos en los brazos extendidos de este dios falso mientras ardía una fuerte llama debajo de sus brazos. Podemos pensar que estas cosas son los únicos ídolos que pueden existir en nuestras vidas, pero la realidad es que todos nosotros somos idólatras y nos postramos ante algo. Todos nosotros creamos un dios falso de algo tan simple como un hueso, y nos postramos ante esa cosa y adoramos a ese dios falso. 

Veamos claramente lo que es la idolatría. Pablo, en Colosenses 3:5-6 dice: “5 Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. 6 Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas”. Pablo dice que “la avaricia (codicia, un deseo de querer más y más) es idolatría”. Entonces, la idolatría hoy en día es la actividad del corazón humano. La idolatría comienza en el corazón cuando ves algo, lo deseas y lo disfrutas hasta que empiezas a estar satisfecho con esa cosa más que con Dios. Cuando alguien atesora y adora a esa cosa, esa persona ha creado un ídolo, un dios falso en su corazón. Es más, en la idolatría, el contentamiento y la satisfacción que el corazón debería estar recibiendo de Dios, lo comienza a recibir de otra cosa. Entonces, se puede decir que un ídolo es la cosa que toma el lugar de Dios en tu corazón y la empiezas a adorar más que a Dios. ¿Y qué puede ser esta cosa? Esta cosa puede ser tu amigo, amiga, novio, novia. Podría ser el dinero. Podría ser el éxito que quieres en tu trabajo porque adoras la aprobación. Podría ser un deporte. Entretenimiento. La lista sigue y todas estas cosas pueden ser un dios falso al que damos la bienvenida en nuestros corazones. Juan Calvino dijo que el corazón es una fábrica de ídolos: siempre está produciendo ídolos. En consecuencia, Pablo dice que la ira de Dios vendrá sobre los individuos que viven en idolatría.

 

Para entender más profundamente lo que Dios requiere de nuestro corazón, veamos los capítulos 20 y 32 de Éxodo. Aquí hay tres lecciones profundas sobre Dios que nos ayudan a entender más sobre la idolatría.

Lección #1: Dios es celoso y tenemos que amarlo completamente
En primer lugar, veamos Éxodo 20:2-3 porque estos versículos nos muestran cómo podemos adorar a un dios erróneo, a un dios falso:  “2 Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre (Él dice, yo soy el Dios que te salvó). 3 No tendrás otros dioses delante de mí”. Cuando Dios dio este mandamiento a Moisés, los israelitas estaban muy familiarizados con otros dioses de Egipto. Toda la vecindad estaba llena de dioses diferentes y cada uno podía escoger su dios, como un sabor de helado en una heladería. Al leer el versículo 3, tenemos que entender que “otros dioses delante de mí”, se traduce más como “no tengas otros dioses en mi presencia”. En el Antiguo Testamento, los hijos de Israel intentaron mezclar otros dioses falsos con el Dios verdadero en su adoración. Al hacerlo, la Biblia explica que Israel se convirtió en una mujer adúltera que quería otros amantes. En el Nuevo Testamento, Santiago 4:4 dice:  “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. Aquí, Santiago define el adulterio espiritual como alguien que dice que ama a Dios mientras cultiva la amistad con el mundo. Él dice que esa persona es un enemigo de Dios y está cometiendo adulterio espiritualmente. 

Por tal razón, cuando Dios dice que no tengamos otros dioses en medio de su presencia, se puede comparar con lo siguiente: Digamos que tienes un amigo que está casado y es muy amigo tuyo. También conoces a la esposa de tu amigo que le fue infiel. Tu amigo, ya separado, un día te invita a almorzar. Pero si tu traes a la esposa infiel de tu amigo al restaurante, ¿cómo reaccionaría tu amigo? ¿Puedes imaginar lo que diría?: “¿Qué estás pensando? ¿Por qué traes a mi esposa infiel aquí? ¡No quiero ver a esta mujer! ¡Quita esta mujer infiel de mi presencia, de mis ojos, de mi vista!”. Así es como se siente Dios cuando nos acercamos a Él mientras tenemos otros dioses del mundo que estamos adorando/amando en nuestro corazón. Él dice: “¡Quita esa cosa de mi vista cuando vengas a mi presencia!”.  Porque Dios es un Dios celoso que quiere tu corazón en su totalidad. Quiere que cada fibra de tu ser lo ame y lo adore. 

¿Pero celoso? El celo es malo, ¿no? Hay que entender que el celo de Dios no es como lo que vemos en este mundo. No surge de una inseguridad como en nuestro caso. Es parte de Su santidad para mantener el honor de Su buen nombre. John Piper, un pastor muy conocido, da una explicación muy buena para describir el celo de Dios: “Dios es celoso como lo es un rey poderoso y misericordioso que toma a una campesina de una vida de vergüenza, la perdona, se casa con ella y le asigna, no las tareas de un esclavo, sino los privilegios de una esposa y reina. Su celo no proviene del temor o la debilidad sino de una indignación santa por ver su honor, poder y misericordia despreciado por la infidelidad de un cónyuge inconstante”.

En otras palabras, el celo de Dios no viene de una inseguridad, sino de querer mantener la seguridad de su nombre glorioso porque nosotros no amamos a Dios constantemente. No podemos olvidar que Dios quiere nuestros corazones en su totalidad. Él quiere que lo amemos con todo nuestro corazón (Mateo 22:37) porque cuando alguien o algo reemplaza al Señor Dios, nuestro amor hacia Él va a ser disfuncional y no podremos ver esos pecados escondidos cuando venimos a la presencia de Dios. Es por esto que Dios dice: “No tendrás otros dioses delante de mí (no tendrás otros dioses en mi presencia)”. Entonces, la primera lección que podemos aprender de esto es: Dios es celoso y tenemos que amarlo completamente.

Lección #2: Dios es Dios y tenemos que aceptarlo completamente

Es importante tener en cuenta que Éxodo 20:2-3 se trata de adorar a un dios erróneo —a un dios falso— a pesar de que el Dios verdadero nos salvó, pero el versículo 4 se trata de adorar erróneamente al Dios verdadero. Éxodo 20:4 dice: “4 No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra…”. Para ver cómo los israelitas adoraron al Dios verdadero erróneamente, tenemos que ir al episodio en el que Israel rompió este mandamiento, antes de que Moisés regresara con los mandamientos en Éxodo 32. Moisés se había demorado un poquito y las promesas de un Dios invisible no eran suficiente para ellos, especialmente cuando existían necesidades, enemigos y peligros. Así que ellos querían un dios que pudieran tocar y ver, y crearon un becerro de oro. Al crear este dios falso, lo pusieron sobre un altar para representar a Dios. No crearon a un dios nuevo, sino re-crearon al Dios verdadero y lo adoraron erróneamente. Éxodo 32:5 dice: “Cuando Aarón vio esto, edificó un altar delante del becerro. Y Aarón hizo una proclamación, diciendo: Mañana será fiesta para el SEÑOR”. Aquí, “SEÑOR” está en mayúsculas indicando el nombre YAHVÉ. Este fue el nombre de Dios dado a Israel con el significado de “YO SOY EL QUE SOY” y este nombre significa que la presencia de Dios está cerca.  Pero los israelitas querían un dios que pudieran tocar y ver, y re-crearon a Dios en un dios “tal y cómo nos gustaría que fuera…”. 

Obviamente tú no has  derretido el anillo o el collar de tu familia para hacer una estatua de un becerro y ponerlo encima del comedor. Pero en los momentos que nuestras necesidades o deseos se sienten más reales que las promesas de Dios, o en los momentos que la presencia de Dios se siente tan lejos de nosotros, como lo fue para estos israelitas, debemos preguntarnos si nosotros también hacemos a Dios “tal y como nos gustaría que fuera”. Por ejemplo, pueden haber momentos en los que elevamos un atributo de Dios por encima de los otros. Tal vez preferimos un Dios de amor que sea negligente con el juicio y que acepte todos los estilos de vida. O tal vez nos gusta pensar que Dios odia a quien odiamos y solamente ama a los que amamos. O esta, que es predominante en las iglesias de Colombia, preferimos a un Dios que garantice la prosperidad financiera y nos prometa que nos mantendrá alejados de todo tipo de dolor o sufrimiento. Una manera de saber si hemos “re-creado” al Dios verdadero a nuestra preferencia, es por la frecuencia con que nuestro "Dios" nos contradice o nos ofende. 

En los Estados Unidos, hay un programa llamado 90 Day Fiancé (90 días comprometidos). Los voluntarios completan un cuestionario que les ayuda a describir al cónyuge ideal de su preferencia. Según sus respuestas, los productores los emparejan a dos personas,  un estadounidense y un extranjero. El extranjero, usando una visa única de 90 días, la visa K-1, viaja a los EE. UU. para vivir con esa persona. Si no se casan antes de que expiren sus visas en 90 días, el extranjero visitante tiene que regresar a su país. Al principio parece que todo es perfecto, pero con el tiempo, las parejas empiezan a pelear: “Quiero que me compres un carro, un bolso, esto y lo otro, no me compraste las flores de 60 mil pesos, no me importa tu cultura, tocaste el vidrio de mi carro, pisaste mis zapatos…”. Muchas de estas parejas terminan en desastre porque estas personas querían una versión ideal de su preferencia, y cuando la otra persona no era su tipo ideal, no pudieron cumplir los 90 días.

Así mismo debemos preguntarnos si queremos a un Dios de nuestra preferencia. La pregunta fundamental de la fe es: ¿Estamos dispuestos a aceptar a Dios como Dios? ¿Será que nos acercamos a Dios escuchando su “YO SOY EL QUE SOY”? ¿O le decimos, “tú deberías ser…”? Esto es tan importante. Porque al decir “tú deberías ser” empezamos a adorar al Dios verdadero de una manera errónea como lo hicieron los israelitas. Dios confirma: “YO SOY EL QUE SOY”, YO SOY el que siempre está a tu lado, YO SOY el que te protege y rescata, YO SOY el que te perdona y redime, YO SOY el que te guía, te satisface, YO SOY EL QUE SOY. Aquí, podemos aprender nuestra segunda lección: Dios es Dios y tenemos que aceptarlo completamente. Tenemos que aceptar a Dios completamente porque el corazón humano fue diseñado para tener libertad cuando adoramos la versión verdadera de Dios del “YO SOY EL QUE SOY”. No al “tú deberías ser”.

Lección #3: Dios es justo y tenemos que adorarlo completamente

Éxodo 32:6 dice: “6 Y al día siguiente se levantaron temprano y ofrecieron holocaustos y trajeron ofrendas de paz (ofrecieron sacrificios al ídolo que estaba encima del altar); y el pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a regocijarse”.  Este versículo nos dice que tan pronto como los israelitas hicieron esta imagen dorada e hicieron sus sacrificios, vino el caos. Aquí, “levantaron a regocijarse”, en hebreo, tiene el significado de que ellos celebraron con banquetes y bebidas, y entregaron su cuerpo a la orgía. Nota como ellos se convirtieron en el ídolo que adoraron. Hicieron una estatua de un animal, y como animales, todos tuvieron relaciones sexuales los unos con los otros, intercambiando parejas, sin ningún tipo de restricción y vergüenza. 

Esto nos dice algo. Cuando adoramos y damos todo lo que tenemos a un dios falso, nosotros también, al final, nos convertiremos en ese dios falso que adoramos. Sin ningún tipo de restricción ni vergüenza por las cosas que hacemos. Los que siguen en este camino, sin querer cambiar, sin arrepentirse, con un corazón endurecido, Dios los entregará a ese pecado.  Romanos 1:24-25 dice: “24 Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; 25 porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén”. Dios es justo, y castigará la iniquidad de los idólatras. En Éxodo 20:5-6 Dios continúa hablando de los ídolos: “5 No los adorarás ni los servirás; porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”. Estos versículos nos dicen que Dios castigará generaciones tras generaciones si las personas siguen adorando a dioses falsos como lo hicieron sus padres incrédulos, sin cambiar. Dios dice que tal persona merece la ira de Dios y que Él los castigará porque amar a un dios falso significa que uno “aborrece y odia” a Dios. 

Como lo vimos al principio, Santiago dice que somos enemigos de Dios si amamos al mundo, y estamos cometiendo adulterio ante Dios. Pero la buena noticia es que Dios, en su justicia, mostrará su misericordia a quienes cambian, a quienes se arrepientan. El versículo 6 dice: “y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”. Los que aman/ adoran a Dios completamente, con cada fibra de su ser, los que no tienen otros ídolos/dioses en su corazón, recibirán la misericordia de Dios. Esta palabra misericordia en hebreo, tiene el significado de un “amor leal, inagotable, que nunca decepciona”, lo contrario a lo que hace un adúltero, nosotros, espiritualmente, cuando tenemos ídolos. De aquí, podemos aprender la tercera lección que es lo siguiente: Dios es justo y tenemos que adorarlo completamente.


El gran pecado
Con estas tres lecciones: Dios es celoso y tenemos que amarlo completamente, Dios es Dios y tenemos que aceptarlo completamente, Dios es justo y tenemos que adorarlo completamente, debemos tener en cuenta algo muy importante cada vez que leemos los Diez Mandamientos. Si el primer mandamiento de no tener otros dioses en Su presencia es desobedecido, tomaremos a la ligera los otros mandamientos. Por ejemplo, decimos: “no hay nada malo en usar el nombre de Dios en vano (v. 7) cuando estoy frustrado o molesto, pero si es malo matar (v. 16). Dar falso testimonio como decir mentiras no es tan malo, ¿pero esos adúlteros? Tremendo. Eso sí es un pecado”. Pero ¿de acuerdo con quién? ¿Quién decide que unos mandamientos tienen más peso que otros? Tú. Nosotros. Un ídolo es la cosa que toma el lugar de Dios en tu corazón, y si tú tomas el lugar de Dios, decidirás cuáles mandamientos tienen más peso que otros. La próxima vez que leas los Diez Mandamientos, observa cuál mandamiento no tomas como un pecado. La idolatría no es uno de muchos pecados, es el gran pecado de donde nacen los otros pecados. La idolatría no es un problema, es el problema que se expresa en la vida en millones de maneras.


Si tu casa está se está incendiando, ¿llamas al bombero y le dices que hay mucho humo? No, le dices que tu casa está en fuego y que tu vida está en peligro. De la misma forma, si el humo representa tus pensamientos y acciones pecaminosas, deshacer el humo no es suficiente. Hay que rastrear y seguir el humo hasta que llegues al altar para ver el ídolo que estas adorando porque ahí está el problema. Tienes que deshacerte de ese ídolo en tu altar y apagar esas llamas en tu corazón que no son de Dios, buscando el perdón de Dios hacia el arrepentimiento antes de que ese dios falso te queme a cenizas espiritualmente.


Si tenemos idolatría en nuestro corazón siempre estaremos sacrificando algo a un dios falso que nunca nos va a hablar, nunca nos va a dar satisfacción, consolación o protección eternamente. Pero nuestro Dios verdadero (YAHVÉ) ya sacrificó a su hijo Jesucristo para amarnos con un amor que es leal, dándonos consolación y protección. Nos ha dado Su presencia que siempre nos satisfará. No olvides quién debe ser tu Dios y no intercambies al que puede darte las cosas eternas por las cosas del mundo que nunca satisfarán.

Copyright © 2020 por Daniel E. Seo. 

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