¿TODAVÍA NO TIENES FE?

No era tanto de que si poseían fe en el hecho de que Él podía hacer milagros tan poderosos, sino más de quién Él era.

35 Al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos al otro lado del lago». 36 Así que dejaron a las multitudes y salieron con Jesús en la barca (aunque otras barcas los siguieron). 37 Pronto se desató una tormenta feroz y olas violentas entraban en la barca, la cual empezó a llenarse de agua. 38 Jesús estaba dormido en la parte posterior de la barca, con la cabeza recostada en una almohada. Los discípulos lo despertaron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?», gritaron. 39 Cuando Jesús se despertó, reprendió al viento y dijo a las olas: «¡Silencio! ¡Cálmense!». De repente, el viento se detuvo y hubo una gran calma. 40 Luego él les preguntó: «¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no tienen fe?». 41 Los discípulos estaban completamente aterrados. «¿Quién es este hombre? —se preguntaban unos a otros—. ¡Hasta el viento y las olas lo obedecen!».

- Marcos 4:35-41 (NTV)

Daniel E. Seo  |  13 de agosto 2020

Todos conocemos la gran historia sobre los discípulos entrando en pánico en el bote mientras Jesús dormía. En este pasaje, vemos una reacción lógica a un factor que amenaza la vida. La tormenta procedía a tragarse el bote, lo que elevó la inquietud de los discípulos y sacudió a Jesús para despertarlo de su sueño. Gritaron en ansiedad: "Maestro, ¿no te importa que perezcamos?". Pero la respuesta más sorprendente de Jesús ataca directamente a su miedo con una pregunta: "¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Todavía no tienen fe?" (Marcos 4:40 NVI). 

 

Hasta este punto, los discípulos habían presenciado los numerosos milagros que Jesús había realizado, pero ahora, su propia fe personal estaba siendo puesta a prueba. Sin embargo, Jesús no dice: "Por qué tienen miedo? ¿No vieron cómo expulsé demonios, cómo curé a los enfermos? Por el amor de Dios, ¡perdoné a un pecador y lo hice caminar de nuevo! Pero ¿Todavía no tienen fe?". Además, antes de este evento en el bote, Jesús había elegido a estos hombres para ser sus discípulos, demostrando así su cuidado y amor por ellos. Pero al ver esas olas incontrolables y el mar embravecido, los recuerdos y la dedicación de los discípulos sobre quién era Jesús se habían hundido. Hasta este punto, sus ojos habían visto, sus oídos habían escuchado, pero su corazón no había podido entender quién era Él cuando llegó la prueba.

 

El problema no se trata de qué sino quién
Pero observa cómo Jesús aborda la pregunta, ¿todavía no tienen fe? No era tanto que estuviera preguntando si poseían fe en el hecho de que Él podía hacer milagros tan poderosos, sino se trataba más de quién Él era. Hay una ironía en este texto que demuestra que los discípulos finalmente percibieron quién era Jesús. Nota cómo los discípulos tenían miedo debido a la tormenta, pero se aterrorizaron al ver cómo Jesús tenía control sobre los vientos y la tormenta. Sintieron un temor que sobrepasó al que sentían por las tormentas al ver en realidad quién era Jesús. En el versículo 41, los discípulos preguntan algo que deberían haber preguntado todo el tiempo: "¿quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?" (énfasis mío) "Quién es este" es algo que deberían haber recordado en medio de su situación caótica. Cuando Jesús preguntó: "¿Todavía no tienen fe?", prácticamente estaba insinuando: “Te he hecho una invitación especial para ser mi discípulo, has visto lo que puedo hacer, has escuchado de mis propios labios sobre quién soy. ¿Todavía no confías en mí como tu Salvador?”.

 

La pregunta relevante

Hasta cierto punto, todos le hemos hecho a Dios la misma pregunta que hicieron los discípulos de diferentes maneras: "Dios, ¿no te importa la situación por la que estoy pasando?", "¿No te importa esta terrible crisis en la que estoy viviendo?", "¿No te importa que me esté ahogando en mi dolor?", "Dios, ¿no te importa?". Las tormentas que enfrentamos en nuestras vidas siempre revelarán lo que verdaderamente hay en nuestros corazones. ¿Qué te ha revelado tu tormenta sobre tu propio corazón?


Además, otra realidad de las tormentas en nuestras vidas es que siempre provocan temor. Todos sabemos que el temor nos hace entrar en pánico y correr. Pero la pregunta que debes hacer es, "¿Hacia qué o hacia quién estás corriendo?". Y si puedes asegurarte de que estás corriendo en la dirección correcta hacia Jesús, debes preguntar por qué estás corriendo hacia Él. ¿Corres hacia Él solo cuando enfrentas una tormenta? ¿Corres hacia Él solo porque parece estar durmiendo en tu situación? O, ¿estás corriendo hacia Él porque realmente sabes quién es Él? ¿De verdad crees que Él es un Padre amoroso y afectuoso que se preocupa por ti?
 

La preocupación infinita

En el texto de hoy, una de las respuestas más significativas con respecto al amor de Dios se puede encontrar al responder la pregunta de los discípulos: "Maestro, ¿no te importa que…?". La respuesta es, por supuesto, que a Jesús le importaba. Él salvó las vidas de los discípulos tal y como salvaría nuestras vidas hoy, pero de una manera más profunda. De la misma forma en que se calmó la tormenta cuando Jonás fue arrojado al mar, la ira tormentosa de Dios que nos tragaría a causa de nuestro pecado fue calmada por Jesucristo. Jesús se sometió humildemente a la tormenta llena de la ira divina y justicia de Dios en nuestro lugar en la cruz. Por lo tanto, si te encuentras cuestionando a Dios y preguntándole: "Dios, ¿no te importa qué…?". Debes recordar que Jesús te amó y se preocupó tanto por ti que se sometió humildemente a la tormenta para que puedas tener vida en Él. 


Hermanos y hermanas, ¿sobre qué base abordas tus miedos? Cuando enfrentes la tormenta más inimaginable en tu vida, mira a Aquel que se sometió a la tormenta más inimaginable que sostenía la ira de Dios en tu lugar. Mire a Aquel que no solo puede calmar tu tormenta, sino que es el Salvador todopoderoso sobre tu vida.

Copyright © 2020 por Daniel E. Seo. 

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA), Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.lbla.com.

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