Cuando subes las escaleras de este mundo, tarde o temprano tendrás que bajar. En cambio, cuando subes las escaleras divinas y llegas al reino de Dios al creer en Jesucristo, nunca volverás a bajar.
Debido a la resurrección de Jesucristo, tenemos esperanza de tener un cuerpo libre de enfermedades, uno que trasciende el espacio y uno que nunca morirá.
Jesús nos indica acordarnos de la mujer de Lot para que no nos burlemos de la Palabra de Dios ni valoremos las cosas del mundo por encima de las de Dios.