Más que la fe, examinar nuestros deseos, nuestras acciones y si estamos permaneciendo en obediencia a Jesús revelan con mayor claridad quiénes somos realmente.
Romper tu frasco de alabastro y derramar tu perfume sobre Jesús te traerá burla de los demás, pero Jesús te reconocerá y tu vida será un mensaje vivo del evangelio.